Cómo ser humano en tiempos de crisis

Fue en diciembre cuando la pandemia inició, no se tú, pero yo, diría la canción de Luis Miguel que posiblemente tu mamá ya puso para barrer y deja en evidencia que soy chavorruca, no le hice caso. Estaba tan metida en mis asuntos personales que ignoré completamente lo que ocurría a mi alrededor, hasta recuerdo el meme de Micky llorándole a Pluto con un paquete de Shein a un lado que decía había muerto por encargar ropa a China. Sí soy, dije con orgullo.

Mientras todo avanzaba en enero, febrero,  la vida seguía, trabajo, familia, todo era igual.  Incluso hasta me enfermé de influenza en febrero y bromeaba con que era Coronavirus actuando como zombi durante mis clases. Sí, para mi era una simple gripe que no evitaría que fuera a trabajar. Después de todo, “El show debe continuar” siempre ha sido mi frase favorita.

Toda mi vida he sido capaz de separar mi vida profesional de la personal, de cruzar la puerta de un salón de clases con una sonrisa y olvidar por completo que había llorado unas horas antes. Una habilidad que considero mi superpoder, aunque sé que no es lo más positivo que digamos. Así que cuando México empezó a ver la pandemia en marzo, para mí el show debía continuar.

Sabía que las escuelas serían las primeras en cerrar, sabía que la desinformación crearía pánico entre quienes aún no tienen plena conciencia del uso de las redes sociales, sabía que habría golpes políticos, sabía que nos compararíamos constantemente con países de primer mundo, sabía que todos se burlarían de quienes compraban papel de baño, pero nosotros también lo haríamos por sí o por no;  y no, no es porque tuviera una bola de cristal que leyera el futuro o fuera bruja, sí soy amá, simplemente porque no éramos los primeros en que pasaríamos por esto, aunque sí un país en un contexto completamente distinto.

Nunca me preocupé por mi trabajo, soy maestra, las clases a distancia son algo ya de muchos años y para mi fortuna, algo que me apasiona aprender,  mientras el Internet conmigo, quién contra mi, aunque sí resuena en mi mente que el Internet debería ser un derecho global y que en México aún nos cuesta muy caro. No me preocupé por mi salud, sobreviví a una Influenza que ni sabía que tenía, sobrevivo cada mes a la menstruación y como siempre he pensado, “mala hierba, nunca muere” y todos sabemos que canto  esa rola de Alejandra Guzmán como si estuviera luchando por mi vida, pero ya en serio, estoy fuera de la población vulnerable, no exenta, pero sí con la fortuna suficiente para quedarme en casa trabajando en pijama (camiseta de Comex) sin exponerme a nada.

Sólo algo me preocupaba constantemente, mis papás, quienes además de pertenecer al sector vulnerable (bueno sólo mi papá porque a mi mamá la mato antes yo diciéndole sector vulnerable que el virus) pertenecen a ese sector vulnerable que tiene que seguir trabajando, los negocios locales.

Lo siento, pero a mi no me partió el alma el primer individuo contagiado en Sonora recién llegado de su paseo en Estados Unidos, a mi me partió el alma el aviso de mi amigo Abraham de que su cafetería tendría que cerrar hasta que todo pasara, sólo tenía tres meses de haberla inaugurado. Todos los días llamo a mi mamá preguntándole cómo está, no tanto por el virus, por su Asadero. “Ahí va”, “tranquilo”, son sus respuestas frecuentes y las que más pesan, porque por más que busquemos la manera, publiquemos en redes, establezcamos estrategias, las personas están en pánico y gastaron lo que tenían en vaciar los estantes de los supermercados. No les preocupó  el virus al estar entre grandes grupos de personas, pero DIOS guarde ir a la tiendita de la esquina que no tiene un guardia de seguridad ofreciendo gel antibacterial.

Más allá del virus tenemos una economía que está en estado crítico, donde millones de personas viven de sus ingresos diarios, donde quedarse en casa, aburrirse por no saber qué hacer es un lujo que nos podemos dar pocos y aún así nos sentimos los más vulnerables y señalamos a ese madre de familia que tiene que salir a trabajar hasta dejando a su hijo encargado con la vecina porque antes de que llegue el virus, el hambre los mata, ¡qué mujer tan inconsiente, quédate en tu pinche casa!, coreamos molestos detrás de nuestro celular.

Me encantaría decir que estamos a tiempo, pero la verdad es que hemos llegado tarde, lo que hagamos de aquí en adelante serán correcciones:

  • Apoya los negocios locales, olvídate la facilidad que te brindan las grandes cadenas, apoya a la tiendita de la esquina, no dejes morir tu ciudad, su economía ni a quienes te rodean.
  • Detén la desinformación. Compartiendo falsedades no ayudamos a nadie, sólo perjudicamos.
  • Aprovecha que tienes la oportunidad de usar tu tiempo en algo que te será útil para el futuro, qué puedes aprender hoy que te servirá mañana, la palabra mágica del momento es DIVERSIFICA. No metas todos tus huevos en una sola canasta, ni del mismo giro,  piensa si hoy no tuvieras el ingreso que tienes, ¿qué harías? Es momento de hacernos las preguntas incómodas, alguien tiene que hacerlo y sin miedo.
  • Hablando de miedo, que no te gane el pánico, el miedo nos paraliza, nos hace tomar decisiones erróneas (¿compré papel de baño?) y nos vuelve vulnerables, al menos emocionalmente y eso debilita nuestro sistema inmunológico,  tenemos que estar completos y con las defensas bien puestas, aliméntate bien, haz ejercicio y tómate espacios para relajarte, estar encerrado es difícil, pero levántate, eres una guerrera, tú puedes (léase con voz de drag queen).
  • Cuida tu salud mental, estar en aislamiento social no significa aislarte por completo del mundo. Hola Internet. Llevo una semana en cuarentena y ya estoy harta de socializar tanto. Soy introvertida, estar encerrada es un sueño para mi, pero sé que hay quienes están sufriendo el estar entre cuatro paredes.  Bienvenido al mundo digital, planea conferencias con tus amigos, habla por teléfono, se un instructor voluntario, haz tutoriales o simplemente disfruta del tiempo con tu familia.
  • Aprende de la soledad. Tenemos una oportunidad única en la vida, se nos ha orillado a estar solxs, sin la opción de mal acompañadxs. ¿Por qué te cuesta tanto estar solx? Analízate, platica contigo mismo, conquístate, redescubre qué te gusta, que no, ama tu cuerpo, explórate y por favor no caigas en mensajes desesperados de quienes creen  en el fin del mundo y quieren acompañante.
  • Pero sobre todo, trabaja en tu lado humano. Aprende la empatía, aprende a ponerte en los zapatos del otrx. Aprende a perdonar. A no juzgar. A compartir. Te repito, que el pánico no te arrebate tu humanidad que en tiempos de crisis, es lo que más rápido se pierde.

Cuídate y cuida a tu humanidad, sobre todo la interna. ¿Tienes alguna otra idea de qué podemos hacer? Me encantaría escucharte.

Argel

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